10 de noviembre de 2015

Adiós a mi antiguo yo | Capítulo 1

Si quieres saber de qué va esta novela, lee la sinopsis.


Imagen usada sin fines de lucro sacada de amor.net.

Primera cita desastrosa.


Delia es una de las mejores relaciones públicas de toda España. Desde que entró a formar parte de una de las empresas más importantes de todo el país, la competencia siempre ha intentado llevarla a su terreno. Sin embargo, ella jamás ha aceptado cualquiera de sus ofertas de trabajo, pues siente que su sitio está en Náveda S. L. Además, ha conseguido hacer amistades fuertes entre sus compañeros, por lo que no abandonaría eso por nada en el mundo.

―Delia, el jefe quiere verte en su despacho ―anuncia Laura, la secretaria de uno de los peces gordos de la empresa.

―Voy ahora mismo ―asegura ella.

Ordena sus papeles sobre la mesa y se levanta de la silla para acercarse al despacho de Gabriel. Por el camino, cruza una mirada con Valerio, uno de sus mejores amigos dentro de la empresa. Él la sonríe antes de que aparte la mirada, lo que provoca en Delia una sonrisa de vuelta. Hasta que llega a la puerta cerrada que la separa de su jefe. Toca tres veces y espera a que él permita que entre.

―¡Pase, señorita Gutiérrez!

La chica traga saliva antes de girar el pomo de la puerta y pasar. Se gira hacia la puerta para cerrarla y suspirar antes de encontrarse cara a cara con su jefe. Su atractivo y seductor… «¡Basta, Delia! Que es tu jefe, joder…» se dice, intentando calmar sus hormonas.

―¿Quería verme, señor? ―pregunta, apoyando sus manos sobre el sillón que se encuentra ante la mesa de su jefe.

―¿Cuántas veces te he dicho que me digas jefe? Señor me parece de persona mayor, y no lo soy tanto como piensas ―Entrelaza sus manos y apoya el mentón sobre ellas. Mira intensamente a Delia antes de añadir―. Siéntate, por favor.

Delia se sienta y cruza las piernas rápidamente, como si temiera que pudiera ver más allá de la tela de la falda que lleva.

Una relaciones públicas siempre debe vestir de manera adecuada.

―Este sábado vamos a celebrar una fiesta para dar la bienvenida a unos nuevos inversionistas de la empresa. Necesito que organice todo: desde el salón y el menú, hasta las invitaciones. Mandaré a mi secretaria que le dé una lista con los invitados y sus direcciones. ¿Tiene algún inconveniente con este encargo?

Delia se ha quedado mirando a su jefe con la boca entreabierta. Gabriel la observa con una sonrisa que pronto se borra de su rostro.

―¿Me ha oído, señorita Gutiérrez? ―insiste el jefe.

―Sí ―responde ella cuando despierta de su trance―. Y no, no tengo ningún inconveniente. Sabe perfectamente que soy capaz de hacerlo.

Delia sale del despacho de su jefe después de que terminen de ultimar los detalles de la fiesta. Vuelve a recorrer el mismo camino hacia su mesa, pero alguien agarra su brazo y sus pasos se detienen de repente.

―Delia ―Reconoce la voz de Valerio a su espalda― ¿Esta noche podríamos quedar para cenar?

La chica se gira sobre sus talones y observa a su compañero con interés.

―Ya sabes que no estoy de humor para cenitas, Valerio… ―Intenta disculparse.

―Lo sé. Sé que ese gilipollas no te supo tratar como te mereces, pero no todos somos iguales ―Sonríe.

Ella observa los ojos marrones de Valerio y el rubor tiñe sus mejillas de rojo sin su consentimiento. Él solo acentúa su sonrisa.

―Lo pensaré ―Le devuelve la sonrisa.

Delia gira sobre sus talones y vuelve a su mesa con la sonrisa aún en los labios. En realidad no sabe cómo encajar la invitación de su compañero, no después de enterarse de la infidelidad de su ex.



···


Tamara esperó durante diez minutos a que apareciera Delia por la puerta de la cafetería. Por un momento, ambas pensaron lo mismo: «¿Por qué siempre, sea del tipo que sea, se dan las noticias en una cafetería?». Lo cierto es que con un café, tanto las penas como las alegrías se llevaban mejor. Quizá por eso decidieran verse allí, en el local de siempre. Una experiencia más que añadir al diario de sus vidas.

Cuando Delia apareció con una sonrisa, Tamara temió que aquella noticia que se sentía en la obligación de dar pudiera arrancarla de su rostro de cuajo. Mientras se acercaba la morena, buscó la manera de no romper aún más el corazón de su amiga. Porque no había llevado nada bien su ruptura con Pablo, pero aparentaba estar mejor de lo que realmente estaba. Y lo demostró en cuanto se sentó frente a la que había estado esperando.

―No tendrás noticias peores… Últimamente parece que no haces otra cosa.

―Lo siento, Delia, pero de nuevo no tengo nada bueno que decir. Y precisamente es algo sobre Pablo.

―Ni me lo menciones ―dijo rápidamente Delia, intentando borrar de su mente aquella sonrisa que siempre le había gustado. Aquella sonrisa suya que pensó que solo le dedicaba a ella.

―Llevo mucho tiempo investigando, sobre todo desde que lo dejasteis, porque no me pareció muy leal de su parte que te ocultara los verdaderos motivos de la ruptura ―Delia en ese momento no sabía lo que vendría a continuación, pero no podía dejar de morderse el labio inferior. En cualquier momento podría brotar sangre de una pequeña herida que estaba a punto de hacerse. Tal era la presión que ejercía―. No podía creérmelo y por eso no te lo conté antes, porque a pesar de que ya había visto indicios y tenía algunas pruebas, necesitaba cerciorarme de que realmente eran ellos. Y de que las palabras de Raquel eran ciertas.

―¿Qué tiene que ver Raquel en esto? ―preguntó Delia, sorprendida.

―Mucho, Delia. Porque ella es la culpable de que a Pablo se le acabara el amor. Se lo ha estado follando desde antes de que lo dejarais, la muy…

―La muy zorra ―Terminó la morena.

Tamara asintió, frunciendo los labios debido al cabreo que intentaba contener. Por mucho que había querido mantener la calma durante su relato, en ese momento parecía a punto de estallar.

Y Delia sintió unas terribles ganas de asesinar a Raquel.

A la misma Raquel a la que había contado, meses atrás, lo raro que había estado su novio con ella.

A la misma Raquel que creía su amiga.

A la misma Raquel…

Se sintió completamente estúpida, pero reprimió las ganas de llorar. Solo apretó los puños bajo la mesa y mordió con mayor intensidad su labio inferior, provocando que sangrara finalmente.

―La mato ―Fue lo último que dijo Delia antes de despedirse de Tamara.



···


Ese día se juró a sí misma que no volvería a caer en la trampa de Pablo.

Mientras permanecía en su casa, echada sobre el sofá, recordó el día que quemó todas las fotos que tenía con Pablo. Tamara estuvo presente y fue el apoyo que necesitó para no venirse abajo y echarse atrás. También borró las fotos digitales, lo bloqueó en todos los chats por los que podrían seguir estando en contacto y terminó por eliminar su número del teléfono móvil.

Hasta ese día no había vuelto a recibir ninguna llamada de él. Ni de Raquel, ya puestos, pero no le interesaba lo más mínimo mantener el contacto con ella tampoco.

Con el móvil en la mano, chateó con Tamara para pedirle consejo sobre la invitación de Valerio. Una hora después estaba lista para acudir a la cita.



···


A la hora acordada, Valerio espera a Delia, impaciente. Se ha puesto su mejor traje, ese que no suele llevar para trabajar, y ha intentado arreglarse el pelo, pero solo ha conseguido que, mojado, luzca aún mucho más rebelde que de costumbre.

Cuando Delia aparece en el restaurante con su vestido embutido blanco y escote palabra de honor, atrae la atención de todos los hombres. Incluido Valerio. Sus labios entreabiertos y la excesiva sudoración del momento delatan lo que ella ha provocado en él.

―Hola ―Saluda ella cuando alcanza la mesa que compartirá con Valerio.

―Hola ―Valerio se levanta para obsequiar a su acompañante con dos besos, uno en cada mejilla―. Estás muy hermosa.

A pesar del intercambio de palabras, él no puede evitar mantener la boca abierta. Delia, por su parte, lucha por contener la risa que parece estar a punto de escapar. Y no es por sus palabras, sino por su asombro.

―Creí que este vestido no sería demasiado excesivo para lo que acostumbro a llevar para trabajar, pero veo que me equivoqué ―Sonríe.

―No es eso, es más, me gusta más este look, pero no estoy acostumbrado a verte tan elegante. Ni siquiera en las fiestas de empresa ―admite.

―Pensaba reservar este vestido para la próxima fiesta de empresa, pero este momento lo merecía más, supongo ―aclara Delia, sin dejar que la sonrisa se vaya de su rostro.

En el fondo, le gusta Valerio. Le atrae muchísimo, pero por ser fiel a Pablo nunca se ha permitido pensar en exceso en él, en sus ojos marrones, en su pelo revuelto y su elegancia a la hora de vestir. Tampoco se permitió en todo ese tiempo imaginar esa sonrisa dedicada solo a ella, o incluso esas manos tan masculinas agarrando su cintura. Y no lo había hecho por tonta, a decir verdad. Si en algún momento hubiera sabido, antes de que Tamara lo confirmara, que él la engañaba, su conciencia hubiera estado tranquila si en algún momento se le hubiera escapado algún pensamiento sobre Valerio.

Pero ella no es como su ex, y espera no serlo nunca.

―En ese caso, me alegro de que hayas decidido emplearlo en algo que, espero, será mucho más inolvidable ―La mano derecha de Valerio se acerca con disimulo hacia la de Delia.

Ella no sabe cómo reaccionar al momento, por lo que deja que el calor que él desprende se apodere de su piel.

Un camarero se acerca a su mesa para tomarles nota del pedido. Él pide solomillo al whiskey y ella una ensalada especialidad de la casa, acompañado cada uno por una copa de vino. Delia no suele beber, salvo en ocasiones especiales. Ya sea una fiesta de empresa como una cita de tal calibre. Aunque ni ella misma sabe cómo terminará la noche.

Y empieza a imaginar cómo sería. Está segura de que no es una simple cena, aunque por el momento no haya salido a flote el verdadero motivo de aquella cita. Ni siquiera sabe cuándo se va el camarero exactamente, ni cuándo vuelve para servirles el vino. Tampoco se percata de que Valerio le está hablando.

―Quiero ser completamente sincero contigo, Delia ―Empieza a decir él, llamando la atención de ella. Aunque la chica tarda unos minutos en reaccionar. Cuando lo hace, se disculpa y deja que Valerio continúe―. Esta no es una cena de simples amigos...

Delia, que mientras le escuchaba bebía varios sorbos de su copa, casi se atraganta al oír aquello. Sin embargo, aún no se imagina a qué se debe la invitación. No tardará en averiguarlo, solo tiene que esperar a que sirvan sus respectivos platos. Cuando eso sucede y el camarero se marcha de nuevo, ambos vuelven a quedar solos. El silencio los invade a pesar de la música ambiente y los camareros que atienden a otros comensales que, además, mantienen sus propias conversaciones. Por suerte para ambos, ajenos al fin a ella y su vestido.

―¿Y bien? ―Delia entrelaza los dedos de ambas manos y las coloca bajo su mentón, atenta a cada gesto de su acompañante.

―Esto que tengo que decirte no es nada fácil, así que ruego que me disculpes si me cuesta ―dice él. Ella solo asiente con una sonrisa, por lo que él sabe que debe continuar―. Nos conocemos desde hace tiempo ¿verdad? Y somos amigos desde hace también bastante, pero la verdad es que desde el primer momento me sentí profundamente atraído por ti. Y con el tiempo… me fui enamorando, lo admito, pero no quise en ningún momento interponerme en tu relación con… ese menda.

Durante unos minutos interminables para ambos, sus miradas están puestas en la del otro. Delia no puede creer lo que ha oído y Valerio no sabe cómo ha conseguido el valor para soltarlo todo de carrerilla. Su mano vuelve a buscar la de Delia. Necesita notar su calor, ese temblor que inicialmente había percibido en su primera toma de contacto con ella.

―Y en todo este tiempo ―Continúa Valerio― nunca he dejado de sentir esto por ti, de hecho, creo que se ha hecho más profundo, mucho más intenso. Delia, necesito saber si tú sientes lo mismo, o si hay alguna oportunidad de que ambos estemos juntos. No me importa cuándo, puedo esperarte si crees que aún no estás preparada.

Tras oír la declaración completa, Delia empieza a sentirse mucho más pequeña de lo que piensa que es, tanto en edad como en estatura. Por un momento cree retroceder en el tiempo hasta su adolescencia. Tal vez, posteriormente se arrepentiría de su decisión inesperada, pero lo que ocurre a continuación ni siquiera se lo esperó en un principio.



···


Lo ha hecho. Ha dejado a Valerio en el restaurante sin una respuesta que le aclarara a él qué hacer a continuación. Ha echado a perder la oportunidad de saber qué sucedería si ella hubiera confesado lo que cree sentir por él. Quizá nada, piensa, pero luego recuerda que ha sido él quien se ha declarado y cambia de opinión. Una enorme sonrisa aparece en su rostro mientras se mira en el espejo de su habitación.



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2 comentarios:

  1. Hola!!! Me ha encantado el personaje de Delia, la describes muy real, pero el Valerio este no me encaja y siento que será, tarde o temprano, pareja de Delia o que tendrá algo con ella y no me gusta jajajajajaja. Ays, sorry, el pobre hombre no ha hecho nada malo xDDD Me alegré cuando se fue dejandole solo en el restaurante sin respuesta xDDD

    En cambio el Gabriel ese, el jefe, ese sí... xDDD

    Un beso, estaré atenta a más ^^

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    1. Jajajajajajajajajajajajajaja. Vale, ya paro con la risa que sino me dolerá más el estómago. La verdad es que todo puede pasar, y solo has conocido a una parte de los personajes *lalala*. Respecto a Gabriel... ¡no me lo puedo creer! ¿Eres de las que les gusta el rollo jefe-empleada? ¿O qué es lo que te ha gustado de él? jajajaja.

      Me alegra mucho que te guste Delia y espero que pronto cambies de opinión respecto a Valerio jojojojo (?.

      Muchas gracias. Estaré encantada de tenerte por aquí <3

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