16 de diciembre de 2015

Volveré a dejarte - Capítulo 3



21 de marzo de 2016. Triana, Sevilla.

―Aun así, no debiste hacerlo. Debiste asegurarte antes de que su amor por ti era duradero ―susurró Álvaro para que Virginia no pudiera enterarse.

―Y ha durado. Siete años, para ser exactos. ¿Te parece poco tiempo? ―replicó María.

Él alzó una ceja, aunque la chica comprendía perfectamente a lo que él se refería.

―Duradero para mí es algo más que siete años. Diez, como mínimo. ¿Qué crees que ha podido ocurrir para que haya decidido dejarte?

María torció su sonrisa, como siempre hacía cuando pensaba, y al cabo de unos segundos respondió:
―Tal vez se haya cansado de mí, de mi forma de ser y de tener que cuidarme.

―¡No digas eso! ―Álvaro alzó la voz más de la cuenta, pero Virginia no pareció inmutarse, pues no hizo acto de presencia en el salón― Ni se te ocurra volver a repetirlo ¿vale? Tú eres una persona increíble y no te lo digo porque sea tu hermano, sino porque es así. Y tu enfermedad no debería influir en vuestra relación, no cuando empezabas a mejorar estando con él. ¡Es que no lo entiendo, joder!

Ella enredó uno de sus mechones pelirrojos entre sus dedos para intentar relajarse. Aquel arrebato de su hermano mayor la había alterado un poco, aunque intentó no demostrarlo demasiado.

―¿Estás bien, Maroc?

Ella no respondió, se limitó a mirarle fijamente con los ojos desorbitados. Ejercía tal presión sobre aquel mechón de cabello que Álvaro pensó que terminaría por arrancárselo. No obstante, María pareció reaccionar poco a poco. Inhaló profundamente antes de hablar.

―Sí, ahora sí ―Hizo una pausa antes de volver a hablar―. No sé qué haría sin ti.

Apareció Virginia por la puerta que conducía a la cocina con una bandeja donde llevaba dos vasos de zumo de naranja y un plato con galletas. La depositó sobre la mesa que había delante de la televisión y de los sofás e indicó a ambos que se sentaran con ella para continuar con la conversación. María dudó unos instantes si aceptar o no la oferta de su madre, pues no deseaba hablar más sobre el tema.
Sin embargo, accedió ante la mirada tierna de su madre y la sonrisa de su hermano.

―No te voy a hacer sentir mal preguntándote una vez más cómo te sientes ante... ―No mencionó más el suceso porque sabía lo que podría provocar en su hija― Pero quiero que sepas, de nuevo, que nos tienes para lo que sea, ¿vale?

Por primera vez desde que conocía a su madre no estaba comportándose como una bola demoledora, sino que parecía comprender la situación por la que estaba pasando. Sin embargo, su hermano parecía querer incordiarla con sus molestas preguntas.

No creía que lo hiciera a conciencia.

―Y por favor, Álvaro ―prosiguió Virginia―, no hagas sufrir más a tu hermana que demasiado ha tenido que aguantar. Ahora lo que tenemos que hacer es ayudarla para que no recaiga, ¿está claro?
María observó a ambos incrédula, pero agradecida también.

―Cuando lo necesite hablaré ―comentó tranquilamente cuando vio que ninguno de los dos hablaba―, pero por el momento no soy capaz. No me siento muy bien cada vez que lo hago, ni cuando pienso en lo que ocurrió.

No obstante, solo había hablado con ella misma desde que su presencia era la única en la casa donde durante tantos años vivió. Y eso, se dijo, tenía que cambiar.


***

22 de marzo de 2016. Triana, Sevilla.

Cuando María despertó al día siguiente no recordaba dónde estaba. Hasta que reconoció el cuadro que había frente a la cama: su orla de la universidad.

―¿Qué hago aquí? ―Fue lo primero que quiso decir, pero solo logró que saliera de sus labios un hilo de voz que ni ella oyó bien.

Levantó a duras penas su cuerpo de la cama y se acercó al espejo que había de cuerpo entero y que, en un pasado que le pareció remoto, siempre le había encantado observar. Pero cuando se miró en él no le gustó lo que vio: a una chica cercana a los treinta que tenía el cuerpo consumido por el abandono. Sus ojos veían la delgadez extrema de una persona que apenas se cuidaba y que volvía a recurrir a todos sus demonios.

Aunque tal como ella se veía no era lo mismo a como era en realidad.

Todo en María era tristeza y dolor, por eso no era capaz de ver ningún rastro de felicidad en su rostro, ningún atisbo de chica sana que se encuentra a la perfección. Y no podía verlo porque se sentía rota por dentro.

Seguía sin entender por qué Dan había tirado tantas cosas vividas a la basura. Tantas cosas preciosas e inolvidables.

Se restregó la cara con ambas manos y volvió a mirarse en el espejo. Mostró una sonrisa torcida que afeó su rostro y bajó los hombros con resignación. Era hora de volver a enfrentarse al mundo. Abrió la maleta que había al lado del espejo y tomó entre sus manos lo primero que vio. Acarició con sus dedos la suave tela del vestido de flores y, tras quitarse el pijama, se vistió y se dirigió a la cocina para preparar su desayuno. Descubrió que su hermano estaba desayunando en la sala de estar y que su madre no estaba.

―¿Cómo amaneciste hoy? ―preguntó Álvaro antes de dar un bocado a su tostada de mantequilla.
María buscó en la nevera una de las botellas de leche y algo para su tostada. Al final terminó eligiendo un envase que contenía mortadela. No habló hasta que estuvo sentada frente a él en la mesa, preparada para desayunar.

―He sobrevivido un día más.

Su voz denotaba un cansancio que iba más allá de lo físico.

―Lo dices como si esto fuera un campo de batalla ―murmuró él.

―Para mí lo es ―María le imitó bajando la voz.

Próximamente... CAPÍTULO 4

Entradas relacionadas

8 comentarios:

  1. Pobre María, no sé porqué de repente se siente tan mal en su casa si fue ella la que decidió irse. Me ha gustado el papel de la madre, a ver el próximo capítulo qué tal xD

    De momento la historia me está gustando mucho, conecto más con María que con Dan, pero, también me gusta su historia y quiero saber por qué dejó a María después de tantos años ^^

    Un besito!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son bajones que le entran >.<
      Supongo que te sientes mucho más identificada con ella porque, de alguna manera, la conoces mejor que a Dan. Se ha mostrado un poco más, vamos.

      Me alegra que te guste, aunque aún queda para que se sepa el motivo *lalala*.

      Saludos.

      Eliminar
  2. ¡Hola! Interesante capítulo. Sé lo que es verse al espejo y verse horrible en algunos días, entiendo muy bien a María xD me gusta como va la historia, aunque me sigue causando mucha curiosidad porqué la dejó owo aunque ya tengo un par de teorías. A ver cómo sigue y si le acierto o no xD

    Bye!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Genial! Me alegra ver que ya tienes algunas teorías en mente, seguramente conforme pasen los capítulos te vayas quedando con menos y al final... ¿quién sabe? La cosa puede ir por donde menos lo esperamos jaja.

      Me alegra que te guste, este es de mis favoritos también ^^. Y no te preocupes, cuando llegue el momento de saberlo, llegará. Sin prisas.

      Saludos.

      Eliminar
  3. Necesito saber que es todo lo que pasa aquí! Me encanto el capítulo, cada vez me dejas más intrigada

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Me alegra saberlo! Esta historia es tan emotiva y tan misteriosa... al menos esta primera parte de la trilogía. ¡Muchas gracias! *-*

      Eliminar
  4. Pobre, tiene que agarrar impulso para salir al día, cada mañana...
    ¿Y su búsqueda de respuestas?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pronto comenzará, aunque tiene esa convicción, necesita un pequeño empujón... ¡Gracias por seguir leyendo! :)

      Eliminar

Este blog se alimenta de tus comentarios, por lo que si lees alguno de los capítulos ¿qué te impide expresar tu opinión? Estaré encantada de leerte y responder si es necesario. ¡Anímate a hacerlo! Eso sí, te agradecería que lo hicieras con respeto y sin insultar <3
El spam no está permitido bajo ningún concepto (salvo en la sección de Afiliados para anunciar que te has llevado el botón). Asimismo, si deseas que me pase por tu blog para curiosear o que me pase por alguna iniciativa, tag, premio, etc; te espero por el Libro de visitas.